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12.10.09

Obama does it, again



Barack Obama conquista nuevamente las primeras páginas de los principales diarios del mundo. La noticia ha llenado la web de opiniones a favor y en contra, ha causado sorpresas, criticas y esperanza. Con un poco de imaginación me atrevo a decir que en las calles de las principales ciudades estadounidenses, partidarios o no del premio Nobel, se dejara escuchar la fervorosa aclamación: “Obama does it, again” Se trata de la tercera vez que recibe el Nobel de la Paz un presidente de Estados Unidos en activo, después de Theodore Roosevelt (1906) y de Woodrow Wilson (1919). (Italiano)

Cuando estaba en la escuela existía una calificación al buen comportamiento en el salón de clases,cierto que nuestra forma de calificar el comportamiento de los demás difería de la apreciación del profesor. Pero también es cierto que no bastaba con la promesa inicial del “me portaré bien en su clase” para que a pocos días se asignara una buena calificación. Quienes obtenían buenos resultados era porque se habían destacado en buen comportamiento durante todo el ciclo escolar. Recibir desde los primeros días una calificación favorable hubiese significado recibir también un gran compromiso de frente al profesor y de frente a los demás; ya que la amenaza de llegar a defraudarles estaría siempre vigente. Este hecho puede ejemplificar lo que sucede ahora con el Premio Nobel de la Paz el cual es el más subjetivo, el más criticado y para muchos, el más desprestigiado. Instituido por inventor sueco Alfred Bernhard Nobel, el premio es otorgado a las “personas que han trabajado más o mejor a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz". Sin duda alguna que ente los personajes del siglo XX que se caracterizaron por su lucha pacifista se pueden destacar entre otros a Mahadma Ghandi quien, por cierto, nunca ganó ese premio. Y si bien esto es cierto también lo es que la erradicación de la pobreza, la defensa de los árboles y la salud pública son causas extraordinariamente nobles; causas que a mi juicio poco tienen que ver con la paz, pero que han sido laureadas con el Nobel.

En el anuncio del premio, realizado en Oslo, Noruega, se indicó que se le entregaba al líder estadounidense por sus "extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos". Ahora estamos frente a un premio otorgado a las promesas, a los discursos que Obama ha realizado desde distintos ángulos del mundo, durante estos meses de su gobierno, en los cuales a enfatizado su compromiso de luchar contra situaciones que generen violencia, ha optado por la vía del diálogo y la diplomacia y desde esta percepción se puede decir que el premio otorgado es quizás el reconocimiento a un nuevo rumbo político.

Mientras los discursos siguen en el aire haciendo eco en los recintos administrativos de Oslo, el mandatario venezolano ha hecho sentir su disgusto en su columna semanal 'Las líneas de Chávez', desde donde recuerda lo que el jurado olvidó: la determinación de Obama por perpetuar sus batallones en Irak y Afganistán, y su decisión de instalar nuevas bases militares en Colombia. Lo cierto es que el próximo 10 de diciembre en Oslo, Noruega; el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, será galardonado con el premio Nobel de Paz por sus esfuerzos para reforzar la diplomacia mundial y construir la paz. Y mientras el reconocimiento vendrá a extender la “Egoteca” del mandatario, la Casa Blanca anunció que el dinero que recibirá Obama será donado a entidades de caridad.

En este ambiente de sorpresas, críticas y esperanzas, solo me resta decir que el premio pone a los Estados Unidos ante la mirada de todos, y que ahora las políticas externas y de relación con los países en conflicto, deberán ser mejor pensadas, los ojos del mundo estarán puestos sobre lo que haga el primer presidente negro de aquella nación. El premio ha generado la esperanza de que el compromiso sea en forma completa y visible, y su periodo de gobierno de distinga por trabajar en la construcción de la paz más allá de las fronteras de su país. Si no lo hace, no le quedará más remedio que devolver el Premio Nobel a Oslo.
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